EL PITAZO
José Aguilar | El Pitazo
CRISIS ELÉCTRICA La catástrofe electro-energética sigue destrozando la calidad de vida y la tranquilidad de los venezolanos, causada por la severa insuficiencia de MW térmicos, cuya disponibilidad efectiva está llegando al 20 %. Este es un nivel peligrosamente bajo y sin precedentes en los 130 años de historia del Sistema Eléctrico Venezolano (SEV), gracias a la nada consciente y casi cero eficiente gestión del régimen que mal dirige al SEV.
La catástrofe ha sido inducida por el régimen que busca dominar a la sociedad a través de la ausencia de electricidad y energía. Intentan igualar hacia abajo a toda una nación, que otrora tuvo uno de los mejores sistemas eléctricos de América Latina. Este es el primer punto que tenemos que tener clarito para poder resolver este inmenso reto, sin entender este punto, no hay solución posible y los que quieran “asesorar” al régimen son parte del problema y no de la solución.
Querer “asesorar” al régimen es la primera insensatez. Asesorar a un régimen que mata a los más débiles e indefensos y que ha convertido la electricidad o la falta de ella en un arma letal contra la población y su economía es un desatino ético e inmoral. Esta postura transmite la sensación de que lo primordial es “enchufarse” no importa con quién y eso es una gran insensibilidad en contra de las mejores tradiciones de la ingeniería como profesión.
Querer “asesorar” al régimen es la primera insensatez. Asesorar a un régimen que mata a los más débiles e indefensos y que ha convertido la electricidad o la falta de ella en un arma letal contra la población y su economía es un desatino ético e inmoral. Esta postura transmite la sensación de que lo primordial es “enchufarse” no importa con quién
Quiero reiterar lo expuesto en mi columna anterior: la nación tiene que entender y demandar de los colegiados profesionales del país que la solución y liberación de nuestra crisis pasa por dos pasos 1) Cambio político, este per se no es suficiente, ni garantizaría los impostergables mejoras requeridas. Por esto es necesario que 2) La nueva administración rompa con todos los vicios que han traído al SEV hasta aquí. Si esto no ocurre, debo reiterar que lejos de resolver la calamidad energética de Venezuela, seguro la agravarían y la gobernabilidad en el país estaría en riesgo.
Esta sería la mayor insensatez, pensar que los que nos han traído hasta donde estamos son quienes nos van a sacar del barranco. La superación a nuestra catástrofe pasa por dejar al SEV sólo en manos de los que armados con la ética, el conocimiento y honradez extrema, con un sentido de urgencia y austeridad, puedan juiciosamente invertir bien los limitados recursos para maximizar la mejoría en el más corto tiempo posible. No hay margen para el ensayo y error.
Los que pregonen que el país necesita elevar la capacidad termoeléctrica nacional a 25.000 MW son unos insensatos sin parangón. Éstos no ofrecen nada nuevo y lo que pretenden es otra expansión termoeléctrica, una experiencia trágica que ya le falló al régimen, pues derivó en la peor inversión de nuestra historia y sugiere una especie de “quítate vos para ponerme yo”. Esa no es la vía, el país no da para más. Por eso hay que trabajar con lo que se tiene.
Hoy en día, el país debería superar los 19.000 MW térmicos, dadas las enormes sumas que se dedicaron en ese esfuerzo, pero posiblemente la estatal eléctrica habrá canibalizado muchos de ellos. Por su mediocre gestión de mantenimiento, es posible que tengamos menos, pero, en todo caso, eso no es el punto. Tenemos instalados ya más del triple de lo que necesitamos y eso nos daría un margen para enrumbar por la dirección correcta al SEV con todos sus componentes.
Otra insensatez es ofrecer “nuevos proyectos” cuando no hay dinero, pues se lo robaron o mal invirtieron. No es propio de técnicos serios proponer una “lista de deseos” a sabiendas de que muchos de estos, en el mejor de los casos, son demagógicos por irrealizables. Hay que aterrizar. No podemos darnos el lujo de caer en el cuento de “la obsolescencia” que plantean los presentadores de “listas de deseos”, repito: inalcanzables y demagógicos. Porque insisto, todavía hay suficiente vida útil en el equipamiento existente.
Por último, hay que resaltar que la ética es indispensable. Es alarmante el plagio del trabajo de unos pocos por un grupito de muchos vivos que quieren ganar indulgencias con escapularios ajenos. Para ellos solo tengo un mensaje: plagiar es robar. Pongan fundamento y quémense las pestañas, practiquen la honradez extrema, caso contrario, he allí su mayor insensatez.



