
EL PITAZO
José Aguilar | El Pitazo
CRISIS ELÉCTRICA El Sector Eléctrico Venezolano (SEV) y Venezuela se nos están apagando, bajo la más aberrante opacidad de un régimen que viene ocultando la información de todas las fases del más primordial de los servicios públicos. Van casi ocho años continuos de esta falta de transparencia en la gestión y cada vez se agudiza más. La crisis del SEV radica en lo íntimamente relacionada de su naturaleza con la calidad de vida de toda la nación, con la vitalidad de su economía y todos los sectores asociados con la pujanza que propulsa la modernidad de nuestras vidas. Como si eso no fuera suficientemente grave, tenemos algo peor enfrente: un alarmante canibalismo de los equipos de generación, transmisión y distribución. A esto se le suman los agudos, cada vez más inocultables y prolongados apagones, pese a tener una demanda y consumo en francos retrocesos que no tienen parangón.
Repasemos un caso de este negligente abandono y canibalismo en el área de transmisión:
Equipos como bancos de autotransformadores (bAT), reactores, interruptores, críticos sistemas auxiliares de nuestra red que interconecta en 765, 400 y 230 kV. Primero, fallan por un negligente abuso de sobrecargas y prácticas sub estándar de mantenimiento. Segundo, se agotan las reservas, pues se usan y no se reponen, eliminando la confiabilidad en los diseños hechos por profesionales de la ingeniería para dichos sistemas. Tercero, una vez sin reservas, ocurre otra falla en algún otro sector del SEV. Esto podía preverse y entonces se procede a la remoción de equipos críticos de otras ubicaciones, dejando “huecos” en ellas para tapar “otro hueco” en otro lugar, que en el momento puede ser más crítico desde la perspectiva de quien trabaja bajo la filosofía de “como vaya viniendo, vamos viendo”. Para rematar, se hacen las cosas mal y de lo malo se pasa a una condición peor.
Nadie puede criticar que en una emergencia se tomen medidas provisionales para paliar una coyuntura, pero el hacer de lo “provisional” algo permanente da paso a una cultura peligrosa de un “provisiempre”. Tenemos como resultado un sistema cada vez más limitado, menos maniobrable y en el cual las consecuencias “no intencionadas” no se miden adecuadamente.
Un caso crítico para la Gran Caracas ha sido la pérdida de dos de los tres bancos autotransformadores de 450 MVA cada uno en la Subestación (S/E) Santa Teresa. Por el patrón antes descrito, no se reemplaza, quedando dos bAT, pero uno de estos se va a la S/E Planta Centro cuando allí ocurre una falla, dejando un solo bAT en la S/E Santa Teresa, que es bastante inestable y deja sin redundancia los Sistemas del Tuy. Estos son responsables del suministro eléctrico para el servicio de agua de la Gran Caracas. Pero la comedia de errores y negligencia no termina allí. Ocurren fallas en Maracaibo y el bAT original de la S/E Santa Teresa, ahora en la S/E Planta Centro, se reubica en la S/E Cuatricentenario, dejando un hueco en la ubicación de Planta Centro. Sí allí terminara la saga, uno diría menos mal, pero no es así, hay más.
El bAT, fue mal instalado en la S/E Cuatricentenario: a) Fuera de los muros cortafuego ya existentes, b) Sin la cantidad de interruptores para mantener la redundancia de las líneas de 400 kV, c) Sin las fosas contenedoras de aceite, d) Eliminación de la interconexión de Colombia, por no instalar los números correctos de interruptores y e) La utilización de un interruptor de 230 kV de la línea de interconexión de Colombia (1.000 Amperios), vs. un interruptor de 1.500 Amperios para el segundo bAT, tal como se requiere y está provisto en el bAT original de dicha S/E.
La mala ejecución de estos trabajos deja la capacidad de la S/E Cuatricentenario en 750 MW y no 900 MW. De seguir este “modus operandi” se podría destruir el patio de 230 kV de dicha S/E. Eso ocasionaría un apagón masivo e indefinido en Maracaibo. También, ante cualquier falla en las líneas que alimentan la ciudad desde el SEV, un amplio sector de la ciudad quedaría a oscuras. Y es posible que otra locura esté en progreso. Este negligente proceder ocasionó lo ocurrido con el cable del Puente General Rafael Urdaneta y la creación de otro hueco aún más grave en otro lugar. No olvidemos que cuando algo salga mal, “sabotaje” cantarán.
Así las cosas, es hora de que reaccionemos o perderemos el país. Qué Dios no permita que por indiferencia nos despertemos un día en una Venezuela que esté de vuelta en la ruralidad en pleno siglo XXI. Enfrentar con energía y ética el enorme reto de ponerle un parao a esta destrucción es tarea ineludible de quienes anhelan mejores rumbos para la patria.
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