El colapso eléctrico como consecuencia política

Analítica

 

Venezuela no solo sufre apagones. Sufre las consecuencias de decisiones acumuladas durante más de tres décadas.

El deterioro del sistema eléctrico comenzó con la desinversión en la red de distribución en los años noventa y se profundizó con la politización de la gestión, la falta de mantenimiento y un esquema tarifario desconectado de la realidad operativa. La generación se estancó, la transmisión se volvió vulnerable y la distribución colapsó sin planes sostenidos de expansión ni reposición.

Durante años se habló de sabotaje y coyuntura. Pero los problemas estructurales estaban allí: infraestructura envejecida, ausencia de planificación y una institucionalidad debilitada. La electricidad dejó de administrarse como un servicio estratégico para convertirse en un asunto político.

Hoy el impacto es evidente: industrias paralizadas, equipos dañados, inversión contenida y una economía que no logra estabilizarse sin suministro confiable. Sin energía estable no hay desarrollo posible.

Recuperar el sistema eléctrico exige más que recursos. Requiere reglas claras, gestión técnica, revisión tarifaria responsable y rendición de cuentas. El debate no puede seguir postergándose.

Es momento de exigir soluciones estructurales, no explicaciones circunstanciales

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