Johan Norberg: Chávez no fue ningún libertador

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Chávez ha desperdiciado la oportunidad histórica de invertir en el futuro de su país, en las personas, en la tecnología, en las infraestructuras

Pocos minutos después de la muerte del presidente de Venezuela, el Aftonbladet -periódico de la izquierda radical sueca- lo calificaba como “en av de största frihetshjältarna” [«uno de los más grandes héroes de la libertad – libertadores»]. El autor del artículo, Kalle Holmqvist, es el creador de un imán de nevera, para celebrar los logros del socialismo del gran líder.

Está claro que la fascinación por los hombres fuertes vestidos de uniforme, que seducen ofreciendo pan y circo, no es cosa del pasado. La carrera del teniente coronel Chávez empezó en 1992, cuando encabezó un golpe militar fallido. Prometió que volvería, para acabar con el gobierno electo. Fundó un partido político. Le sería más fácil llegar al poder a través de las urnas.

Chávez ha mantenido la celebración de elecciones después de que ganó las presidenciales de 1998. Sin embargo, lo mismo que su amigo Putin hizo en Rusia, se dedicó a crear una “demokratur” (“democratura”; nota: palabra sueca que une los conceptos de “democracia” y “dictadura”), en la que fue desmontando todas las trabasal ejercicio de su poder: la Constitución, la independencia judicial, los medios de comunicación. Sus conmilitones han dicho repetidamente que Chávez no aceptaría la posibilidad de no ser elegido por el pueblo. Amnistía Internacional o Human Rights Watch han documentado la forma en que ha ido cerrando los medios de comunicación opositores, así como persiguiendo a los disidentes.

Es cierto que Chávez ha tenido el apoyo de los más pobres del país. Ha invertido en educación y en sanidad. Ha reducido la pobreza. Pero esto no tiene ningún merito si tu país es uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, y el precio del crudo pasa de 10 a más de 100 dólares el barril. El petróleo le ha puesto a Chávez novecientos ochenta y un mil millones de dólares en el bolsillo, lo que representa diez veces el PIB de la economía venezolana en 1998. Además, ha pedido créditos a China, a cuenta de los ingresos futuros de la venta de petróleo.

Chávez ha desperdiciado la oportunidad histórica de invertir en el futuro de su país, en las personas, en la tecnología, en las infraestructuras. Todo lo contrario. Ha tirado el dinero en consumos, en mantener regímenes de izquierdas de otros países, en crear monopolios socialistas, en comprar aviones rusos de combate y helicópteros.

El progreso social de Venezuela no ha sido mucho mayor que el de los países en vías de desarrollo que no tienen petróleo. El economista venezolano Francisco Rodríguez, que trabaja en la ONU, ha estudiado la relación entre Chávez y el precio del oro negro: “No hay ninguna evidencia empírica clara que demuestre que Chávez haya sido mejor que sus predecesores para los pobres de Venezuela. Todo indica que ha sido peor”.

Hoy mismo el diario británico de izquierdas The Guardian publica la noticia de que“Venezuela se está cayendo a pedazos”. Las carreteras se hunden, los puentescolapsan, las refinerías saltan por los aires, los cortes de electricidad se multiplican, las calles se han convertido en uno de los lugares más violentos del mundo. Hay escasez de productos en las tiendas, y hay colas para comprarlos. Si un Estado importa comida que se pudre por el camino, es que ha destruído la economía de mercado.

¿Qué va a pasar en Venezuela cuando caiga el precio del petróleo, y los chinos quieran recuperar su dinero? Chávez ha muerto, pero los venezolanos van a vivir con su “legado” durante mucho tiempo. Sería bueno que los columnistas del Aftonbladet guardaran sus pósters y sus imanes de cocina, para que no se olvide quién tuvo la culpa.

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