CORREO DEL CARONÍ
La historia de improductividad de las empresas básicas de Guayana ha recibido varios intentos salvavidas desde que las campanadas de la debacle sonaron en 2007. La bonanza petrolera de la Venezuela saudita, que llegó a registros históricos de hasta 120 dólares por barril, revistió a la administración de Hugo Chávez de un poder económico capaz de cargar sobre sus hombros la improductividad de un parque industrial apocado por la desinversión y una crisis del sector eléctrico que mermó, aún más, su producción.
Las propuestas de recuperación, como el informe control obrero, o el plan Guayana Socialista, se acompasaban con el aliviadero de los créditos adicionales y los préstamos del Fondo Chino, que lejos de preparar al parque industrial para reimpulsar su producción, aceleraron su desplome.
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Nicolás Maduro tenía escasos dos meses en la Presidencia de la República cuando prometió subsidiar los salarios de los trabajadores de las empresas básicas. Lo hacía, dijo aquel 25 de mayo de 2013, con la esperanza de que en dos años pudieran ser sustentables y entonces aportar dividendos al Producto Interno Bruto.
Poseía, entonces, el ímpetu propio de aquellos meses de Gobierno de Calle y pretendía, al lado del movimiento sindical de Guayana, persuadir a los trabajadores de una idea: discutir contratos colectivos por bloques, más que por cláusulas, y reimpulsar la capacidad productiva de las empresas luego del fallido intento gubernamental del control obrero.
“Yo aspiro que en dos años todas estas empresas produzcan lo que necesitan para funcionar y para sostener sus gastos, incluyendo su contratación colectiva”, invitó aquel martes en los patios de CVG Alcasa, en el corazón de una industria que ya -a finales de 2012- tenía pérdidas por el orden de 5.811 millones de bolívares, 69% superior al presupuesto del estado Bolívar para 2013.
Dos años después los trabajadores reconocen el esfuerzo en el subsidio salarial, acompañado de la firma de los convenios colectivos que tenían hasta seis años en mora, pero concuerdan en los pocos resultados operativos.
El auxilio de la renta petrolera no frenó la curva improductiva, al contrario, aceitó la tendencia decreciente que ya exhibían las empresas básicas. Ahora la industria, entre ellas el sector aluminio y acero, producen menos de lo que registraban a final de 2012 y, en general, operan por debajo del 30 por ciento de su capacidad instalada.
Subsidio de vacas flacas
Las promesas de una pronta mejoría con la ejecución de inversiones provenientes del capital chino -como en el caso de Alcasa, donde se ejecutan 403 millones de dólares desde 2010, y Venalum, cuya implementación del proyecto de modernización de celdas es una deuda desde 2014- aún no son notables en los números de producción.
Y aunque el presidente de la Corporación del Aluminio, Ángel Marcano, ha prometido que será el 2015 el año de la cristalización de los proyectos y de los claros resultados operativos, los pocos avances exhibidos en la industria en 2014 hacen lucir un panorama difícil.
“Con el petróleo como va, va a estar difícil. Yo creo que lo único que nos puede salvar es la situación de elecciones. Siempre los políticos tratan de evitar que los colapsos de las empresas lleguen en momentos electorales”, comenta a las puertas de Alcasa, el trabajador José Tenía con 9 años de servicio.
Otros empleados ven un panorama aún más difícil porque, de por sí, las inversiones planteadas en 2010-2012 eran insuficientes, pero suponían el inicio de un apalancamiento que llevaría a la industria a puerto seguro.
De allí que Osmel Rondón, un trabajador con tres años en la gerencia de Formación Permanente, crea que el Gobierno ha hecho un gran esfuerzo aunque insuficiente: “Se ha invertido, pero desde mi punto de vista es muy poco. Tenemos el caso de la extrusora que ya está funcionando, pero tenemos debilidades allí”.
Trabajadores como Tenía piensan que la empresa pudiese tener mejores resultados si la producción no se dedicara a propaganda política, como cree, se hace con los techos Frescalum.
“Nos hacen improductivos porque, por ejemplo, yo trabajo en el área de Laminación, nosotros producimos bobinas que tienen un valor agregado, pero todo el material se está yendo para techos, un material que la empresa lo está agarrando para la bendita donaciones para el plan de vivienda, y al nosotros dar esas donaciones, que se pudiese vender, a nosotros no nos ingresa nada”, analiza.
Ahora sí
Los testimonios de los trabajadores, sin embargo, forman parte del espiral de desinversión y ensayo y error con el que el Gobierno intentó consolidar un proyecto político en Guayana a partir de 2009.
Seis años después ya casi nadie habla de aquellas ideas, como el Plan Guayana Socialista 2009-2019 al que el presidente Hugo Chávez dedicó atención y que ocupó a cientos de trabajadores en una especie de replanteamiento del proyecto Guayana.
Con la llegada de los militares a las empresas básicas y la sentencia de Maduro -“el control obrero fracasó”- se dio por entendido que aquella etapa llegaba a su fin y que la era del militarismo llegaba a Guayana para quedarse.
Desde entonces, la asamblea del Plan Guayana no se reúne y los grupos de discusión de control obrero quedaron en extinción, “porque el Gobierno así lo quiso”, comenta un ex participante que ahora prefiere su anonimato.
Ahora la inercia determina los días de las empresas básicas. En Venalum, cuyo rendimiento operativo se reduce drásticamente, los trabajadores esperaban unos barcos con insumos que podrían salvar a la reductora. Eso es lo que se dice, según Dey González, un extercerizado que ahora saca cálculos de la quincena a las puertas del banco en la estatal.

– ¿Funcionó el subsidio en las empresas básicas?
– Se ha visto que durante tres años no han traído equipos, pero en cuanto a lo salarial sí, pero en lo material se dice que hay 200 celdas operativas, ahorita a partir del mes de marzo se dice que se va a reimpulsar las operaciones de planta, para reactivar las celdas. Lo que nos dicen dentro de planta es que ya vienen barcos con insumos, para meter celdas, para reactivar las celdas, comenta González.
A lo interno, sin embargo, hay incertidumbre sobre el destino de las fábricas pues hasta abril habría recursos para cancelar salarios. En Venalum, el secretario general de Sutralum, Pedro Perales, sostiene que de los 498 millones de dólares, 125 ya fueron aprobados y ejecutados en la compra de insumos que llegan “de marzo a abril”.
Pero de acuerdo con el secretario de organización de Sutralúmina, José Luis Morocoima, en Bauxilum es pública la limitada fuente de recursos y es sospechosa la cada vez más frecuente visita de personal chino.
Los trabajadores conocen del panorama por un documento que se divulgó por la intranet, en el que la gerencia estimaba capacidad de pago hasta abril. “Pareciera que se está discutiendo una política en secreto, ninguna empresa en este momento tiene garantizado nada, porque así como se le dice al país que prácticamente va a haber comida para 45 días, a nosotros nos está diciendo que los recursos que mandó el gobierno alcanzan hasta abril. Mas nadie dice nada, solo vemos a los chinos. No hay más nada”.
Los dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), empero, están seguros del subsidio. El secretario general de Sutralum, Pedro Perales, asegura que ese tema ya fue hablado con el Gobierno y el presidente Nicolás Maduro prometió extender “un poco más” el subsidio. “Eso está seguro, van a seguir apoyándonos”, dice vía telefónica cuando se le pregunta si las empresas están en capacidad de abandonar el auxilio financiero.
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¿Subsidio con déficit presupuestario?
El subsidio para las empresas básicas en 2015 luce complicado tomando en cuenta que el déficit presupuestario se estima en 33 por ciento, como consecuencia de la caída de los precios del petróleo.
La única vía para lograr el auxilio sin reducir el presupuesto como lo ha decidido el Gobierno, proyecta el diputado de la Comisión Permanente de Energía, Minas y Petróleo, Américo De Grazia, es imprimir más dinero inorgánico que más pronto que tarde redundará en más inflación. “Esa es la manera como nosotros entendemos que piensan cubrir el déficit presupuestario”.
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- El período de mayor bonanza en la historia de Venezuela no redundó en un reimpulso de la industria básica pensada como la alternativa no petrolera.
- 33.852 millones de dólares se dejó de producir entre 2009 y 2013, el equivalente al valor de las reservas de oro de las minas del estado Bolívar en concesión de Pdvsa.(Fuente: Estudio de competitividad de la pequeña y mediana industria Metalmecánica del estado Bolívar)



