Democracia y energía solar

TAL CUAL

Opinión 

El primer paso de Capriles al asumir la Presidencia debería ser proporcionar una dotación energética adecuada para conseguir el despegue económico de las comunidades periféricas

ELÍAS TORO

Capriles inició su campaña presidencial por las comunidades más apartadas del país: Santa Elena de Uairén en el sur-oriente y La Goajira en occidente. El original gesto parece remacharnos la intención de tomar en serio la asistencia a aquellos sectores de nuestra sociedad que todavía hoy permanecen en el olvido.

Muy bien.

Ello confirma la impresión de que Capriles se empeña en cumplir la cuasi milagrosa tarea de cerrar la brecha entre «blancos» y «pardos» que, abierta en el alba de la colonización española del territorio de Venezuela, se ha opuesto durante cuatro siglos de historia a la integración de nuestra sociedad.

Pero, ¿cómo hacer realidad tal propósito? Si vamos al meollo del asunto, hoy en día la carencia más importante de esos nuestros compatriotas de la marginalidad es la energía, es decir, como afirma Marcos Sandoval, nada menos que la sangre de cualquier sistema productivo. No se trata pues de incapacidad intrínseca para incorporarse a la vida productiva, sino de no disponer, por aislados, de la energía necesaria para hacerlo.

De modo que para ser consecuente con sus intenciones, el primer paso de Capriles al asumir la Presidencia debería ser obviamente la de proporcionar una dotación energética adecuada para conseguir el despegue económico de todos aquellas comunidades periféricas.

¿Y qué otra mejor manera de hacerlo en esta «tierra del sol amada» que poniendo en marcha un programa de promoción y financiamiento de los llamados paneles solares o fotovoltaicos, como se hace ya en tantas regiones apartadas del mundo menos favorecidas por la radiación solar, donde tampoco llegan las redes eléctricas convencionales? Aparte de que no habría forma más económica de hacerlo, ello constituiría una manera de transformar la perversa práctica cuarto y quinto republicana de regalar electrodomésticos para obtener votos y con ello someter a los beneficiarios, en una acción liberadora que financiando la descentralización energética, promueve la independencia económica y, por ende, política, de las personas y comunidades recipiendarias.

Pero como además, en este nuestro vapuleado país la deriva totalitaria en curso depende como en todos los petroestados de la insólita concentración de poder financiero que el petróleo pone en manos del Estado, la práctica debería extenderse como se hace ya en tantos otras naciones, a toda la sociedad, con lo que curada provisionalmente nuestra democracia de esta enfermedad petro-chavista con la elección de Capriles, descentralizando la energía estaríamos vacunándonos contra cualesquiera nuevas infecciones autocráticas.

El regresivo subsidio a los combustibles vigente, en efecto, que pretende mantener políticamente desmovilizada a la clase media y que según cálculos ofrecidos por el economista Marcos Sandoval en esta misma columna, alcanza la escandalosa cifra de $ 27.000.000.000/año, podría eliminarse paulatinamente para liberar recursos aplicables entre otras cosas a un extenso programa de financiamiento de módulos fotovoltaicos ­domésticos o comunitarios­ en escala nacional.

Adviértase que tal programa, a diferencia de aquel subsidio, termina por autofinanciarse, porque se trata de un dinero invertido a corto plazo (dos o tres años) que luego de su retorno puede ser reinvertido; además, hay que hacer notar que cada bolívar aplicado significa un bolívar menos que de otra manera el Estado tendría que aplicar a la generación de la energía necesaria para satisfacer la demanda energética global.

De manera que al final del proceso estaríamos consiguiendo el ideal de una sociedad civil produciendo ella misma la energía que consume, y como explican los economistas Sandoval, Baptista y Cordeiro, en la estela de Adan Smith, delegando en el Estado solo aquellas tareas asociadas a la vida comunitaria que sus miembros aisladamente no pueden realizar.

Por lo demás, ese podría ser el punto de partida de un programa mucho más vasto, cuya meta sería la sustitución total del petróleo como combustible, propiciando con medidas fiscales y arancelarias adecuadas el reemplazo progresivo, en quince o veinte años, de los vehículos a motor de combustión interna, que según Sandoval son alrededor de 700.000 por los eléctricos, como ya comienza a ocurrir en todo el planeta.

Completado el programa habríamos superado de un todo la castradora adicción a los hidrocarburos, habríamos recuperado la fabulosa suma de $ 28.000.000.000 cada año y el petróleo restante, que aún será mucho, iría a la petroquímica, para añadirle valor y hacerlo más rentable.

http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=73086&tipo=AVA